
INMOVILIS, LA NUEVA AMENAZA
Septiembre 2050, necesito relatarles lo que ha ocurrido los últimos meses, ya que en cualquier momento esto podría ser tan grande que no lo podamos contener más. Desde el día de mi regreso a Metrópolis VII muchas cosas cambiaron, desde el primer desastre biológico de hace diez años que no había tal grado de confusión y terror.
Muchos detalles fueron callados y la gente sabe sólo lo necesario, pero hoy ya no podemos callar más lo que ha sucedido porque de ello depende encontrar la cura para esta nueva amenaza. Es necesario que les relate mi participación en todo esto, para que entiendan cual
es mi dilema hoy.
Julio 2040, una gran explosión se produjo al norte de la ciudad en las instalaciones de los laboratorios Mixxtonell, en cosa de minutos la ciudad fue sitiada y nadie podía salir de ella, quien lo intentó, fue muerto en el lugar. La gente espantada volvía a sus casas y se encerraban, mientras las calles desiertas eran vigiladas día y noche por militares. Todos los guardias se paseaban con trajes especiales y mascarillas, parecía una verdadera escena apocalíptica.
A pocas horas de producido el incidente, la zona del desastre fue aislada y levantaban grandes estructuras para evitar que alguien llegara allí. Todo vestigio de los laboratorios, fue removido y llevado por grandes camiones escoltados por el ejército. Nadie sabía nada de lo sucedido, rumores de uno y otro lado hacían crecer el terror entre la gente.
A los dos días, comenzaron a conocerse casos de gente con síntomas extraños; rigidez muscular que les impedía incluso mover los músculos de la cara, incluyendo hablar y hasta comer. Tal fue la cantidad de casos que los centros hospitalarios ya no dieron abasto, toda la ciudad fue aislada y los infectados simplemente morían y sus cuerpos eran llevados para ser incinerados. Cada día el objetivo era sobrevivir, en un principio se repartían alimentos para quienes aún estábamos vivos; la ciudad comenzó a tener una cierta normalidad y los casos de enfermos cada vez disminuían más. Nuestra ciudad Stonevalley, ahora era llamada Necrópolis.
Enero 2043, mucho tiempo ha pasado, la ciudad está completamente rodeada por muros, para salir de ella hay que someterse a todos los exámenes para demostrar que no se está infectado; pero aún consiguiendo salir, en otros lugares no aceptan a gente que vaya de Necrópolis. Tras meses de planificación, esta noche conseguí escapar por los muros de la ciudad, lamentablemente a varios kilómetros de alejarme de ella, me di cuenta que no fuimos los únicos afectados, todos lo poblados aledaños a la ciudad, ahora eran un desolador paraje.
Sin duda la vida en la tierra había cambiado y lo peor para mi fue haberme infectado en mi escape. Esos días agónicos, al borde de la muerte, sobreviviendo sólo con raíces de plantas que al final serían mi salvación. Así tome la decisión de permanecer lejos de las ciudades y vivir como extranjero en cualquier lado, como un verdadero sobreviviente de esta catástrofe.
Mayo 2043, el invierno se aproxima y cada día es más difícil encontrar comida, he decidido volver a Metrópolis VII, la ciudad que me vio nacer y crecer, el lugar de donde jamás debí salir.
En esos meses de auto exilio, el virus se expandió por todos lados, las ciudades que lograron sobrevivir, hoy eran fortalezas enormes con muros alrededor, entrar y salir era una suerte de pruebas obligatorias. Después de las pruebas los aceptados pasaban a centros de transición para tener plena certeza de que el sujeto no estaba infectado.
Después de eso, se les inserta un chip subcutáneo con toda la información médica y civil del sujeto, el mismo chip tiene un rastreador satelital que facilita encontrar al individuo de ser necesario.
Fue en mi ingreso a la ciudad como ciudadano regular de Metrópolis VII, donde descubrieron que era portador pasivo, eso quería decir, que tenía alojado el virus pero que los síntomas habían sido superados y no era foco de infección. Por supuesto que me realizaron decenas de exámenes, hasta descubrir que la base de mi cura, fueron las raíces con las que por este tiempo me alimenté al huir de Necrópolis.
Desde ese día las cosas tuvieron un vuelco para todos; muchas de las personas infectadas, eran tratadas con el antídoto; los casos menos severos lograban sobrevivir. La cura se expandió por todos lados, la gran noticia daba esperanzas a las ciudades de volver a la normalidad. Sin embargo como ya eran años de este sistema rígido con el cual se establecía seguridad y control, las ciudades continuaron funcionando de la misma manera.
Octubre 2047, después de largos estudios y pruebas, se ha llegado a la conclusión que es mejor realizar una vacunación a toda la población, es más rentable para las ciudades inducir el virus a todos y aplicar el antivirus que mantener dos calidades de ciudadanos, los portadores y los no infectados. Esto porque la población de portadores aumenta cada día y aún persiste el temor en la gente.
Para que esta determinación del gobierno central no cause controversia, era necesario mantener en secreto la verdad, para ello lo que se dijo es que la cura definitiva se había encontrado y que todos debían someterse a esta vacunación que les aseguraría quedar libres de esta enfermedad. Esta mentira a la larga devolvería la libertad entre las ciudades, volveríamos a viajar sin problemas, entrar y salir de estas verdaderas fortalezas,
sin restricciones.
Noviembre 2047, comienza la primera etapa de vacunación nacional, sin excepciones, cada ciudadano recibe dos inyecciones simultáneas, una en cada brazo; el virus y el antivirus luchan en el interior del sujeto y se adaptan a su organismo hasta convertirlo en un portador. Como resultado, los hijos de portadores nacen con esa cualidad, por lo que no necesitan ser vacunados, de esta manera la humanidad y las generaciones futuras, no deberán pasar por este proceso nuevamente y con ello se daba por terminada esta epidemia a la que nombraron: inmovilis. La gran mentira estaba a salvo y nadie sabría jamás que en realidad no fueron curados, sino infectados.
Enero 2049, la primera generación de portadores ya nació, aparentemente todo va según lo esperado y no han tenido necesidad de tratamientos adicionales, pero es muy difícil mantener el control de ellos ya que se supone el virus ha sido erradicado. Por algunos meses los recién nacidos han sido controlados de manera especial, pero al llegar la edad de compartir con otros niños se hará cada vez más difícil.
Julio 2050, algo sorprendente y aterrador ha ocurrido, un niño presentó un caso especial de enfermedad. Por algún motivo de un momento a otro su voz se perdió producto de una extraña parálisis en las cuerdas vocales. El caso fue estudiado muy profundamente sin resultados positivos, a la semana los casos se habían multiplicado enormemente. Fue entonces cuando los científicos decidieron estudiar los casos con su mente puesta en inmovilis debido a que la mayoría de los casos eran en menores de tres años.
Tal cual lo sospechaban, el virus había mutado de modo que no atacaba todos los músculos faciales como antes, sino específicamente los vocales. Esta enfermedad podría ser el fin de la humanidad como la conocemos hasta hoy. Cómo pensar en toda la raza humana viviendo sin hablar.
De inmediato se implantó un nuevo estado de alerta en las ciudades, pero lo que no se podía hacer era la contención de la enfermedad, ella había aparecido en casos diversos y muy lejanos uno de otro; no había un foco de infección establecido. Nuevamente cualquiera podría ser víctima de este virus pero principalmente los focos de emisión eran los niños de hasta tres años, todos nacidos después de la vacunación masiva.
Éramos culpables de una nueva catástrofe, el pánico se expandió de inmediato, nadie sabía qué era y cómo poder estar a salvo. Tampoco podíamos decir abiertamente de qué se trataba, estábamos atrapados en nuestra propia mentira; cada día más y más casos se presentaban. Ahora tanto niños como adultos caían producto de la enfermedad y aunque en esta ocasión no había peligro de muerte, lo peor de todo es que era irreversible.
Estábamos nuevamente contra la espada y la pared, todos los que conocemos esta mentira oculta comenzamos a pedir que se dijera lo que en verdad pasaba, que evitáramos una catástrofe mayor, pero uno a uno han sido silenciados. El día que fueron por mi, yo ya había escapado; nuevamente debía ocultarme o abandonar mi querida ciudad. Esta vez me he prometido no rendirme, me he prometido luchar contra este mal.
Mayor aún a cualquier virus, nuestra soberbia es el principal enemigo, pero todos sabrán lo que en realidad le han hecho a nuestra tierra, todos se sorprenderán de la maldad que hemos fomentado con nuestro silencio, porque queriendo hacer un bien, provocamos un gran mal.
Así he llegado a esta fecha, Septiembre 2050; a veces pienso que si no hubiera vuelto, nada de esto habría pasado si no hubiera tomado parte en las investigaciones, no tendría este peso en la conciencia. Pero no puedo lamentarme por lo que ya está hecho, es tiempo de resolver el dilema e intentar encontrar la cura. Esta noche me escabullo entre las sombras de la noche, huyendo de mis cazadores, los mismos que hasta hoy me trataban como héroe, ahora son mis perseguidores.
Mi primer objetivo esta vez, es rescatar a la única persona del grupo de científicos que aún sobrevive. Cuando juramos esconder esta verdad él renunció a su cargo con destino desconocido. En el único que realmente confiaba era en mi y me dijo:
- Si alguna vez necesitas de mi, búscame en las regiones árticas, me voy a los fríos del norte, sigue las luces del crepúsculo y pregunta por el águila blanca.
Obviamente sus palabras en ese momento me sonaron a delirio, pero al recordar ese momento, también me acordé de nuestro chip subcutáneo. La última acción que él realizó antes de irse fue arrancarlo de su piel. Hoy necesito hacer lo mismo y averiguar a qué se referían sus palabras. Ya han sido siete años desde que me implantaron el chip en mi brazo izquierdo, con un afilado cuchillo consigo hacer el corte que me liberará de este rastreador y de mis captores. Pero debía ganar tiempo, de alguna manera debía enviar a mis perseguidores en dirección contraria a la que iba.
Retiré el chip, cubrí mi herida hasta dejar de sangrar y coloque el rastreador amarrado a un trozo de madera. Todo lo envolví en plástico y lo lancé por el alcantarillado. Mientras bajo las calles el trozo de madera se dirigía hacia el sur, mis pasos me llevarían en dirección opuesta.
Entre los rincones de esta noche, conseguí aturdir a un guardia; le quité sus identificaciones, su traje, arma, mascarilla y también retire su chip. Con ellos me dirigí a la zona de cambio de guardia.
Las medidas de seguridad obligaban a todos a mantener las mascarillas hasta llegar a la base, así que al momento de pasar el portal de identificación, mi identidad se mantuvo en secreto y haciendo creer a todos que era el otro guardia. Una vez saliendo por las puertas fortificadas, me escabullí del convoy y proseguí con destino al ártico.
Pasarán muchas horas hasta que descubran que ya he partido y que no tienen cómo rastrearme. Esta vez espero haber tomado el camino correcto, el camino de la verdad que nunca debí abandonar. El viaje será difícil pero en mi corazón tengo la esperanza que si no morí en esa zanja por la enfermedad hace siete años atrás, no moriré en el camino. Sólo espero encontrar las respuestas en esta nueva aventura y volver a mi ciudad algún día sin temores, volver nuevamente a Metrópolis VII.
Es recomendable también leer las siguientes historias como PRECUELAS
ambas publicadas en libro: "METROPOLIS VII: Historias de una Mente Urbana"
Fuga de Necrópolis
Regreso a Metrópolis VII
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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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