lunes 22 de marzo de 2010
NO ENCIENDAN LA LUZ
NO ENCIENDAN LA LUZ
Por dieciséis años la casa había estado vacía, por ese largo tiempo nada se había hablado de lo sucedido en ese lugar, tampoco nadie quería hacerlo. Pero desde que Alicia y su familia llegaron a la casa, todos murmuraban y conversaban a escondidas sobre aquellos que antes vivieron allí.
Alicia llegó una tarde de sábado junto a sus padres y su hermana menor; los cuatro venían de una ciudad muy lejana. El padre de Alicia había sido transferido a uno de los bancos de este pueblo, su madre no trabajaba y su hermana era pequeña para ir al colegio. Alicia, por su parte, ya había terminado sus estudios de veterinaria y pretendía encontrar un lugar donde ejercer o colocar su propia clínica en este pueblo.
La primera noche, fue quizás una de las pocas apacibles en esa casa, la familia durmió cansada por el largo viaje. A la mañana siguiente, todos se levantaron con mucho ánimo para descargar las cosas de los camiones. Uno a uno fueron llenando la casa de muebles y de sus pertenencias. Loza, ropa, adornos, cuadros; todo lo que se habían traído iba tomando una ubicación en su nuevo hogar.
El día pasó rápidamente con tanto trabajo, llegada la noche, la familia se sentó a la mesa para cenar. El agotador día había terminado y era momento de celebrar la llegada a este nuevo lugar. Al menos todo el interior de la casa estaba ordenado, limpio e iluminado. Más adelante habría tiempo para arreglar el patio, retirar la maleza y darle vida a ese lugar abandonado por años.
En medio de la cena, Alicia se sintió observada, no sabía desde qué parte de la habitación, alguien la miraba. Se giró hacia la ventana pensando que desde allí podría venir esa sensación. Pero no había nadie ahí; su madre se dio cuenta de la incomodidad de Alicia, pero prefirió no decir nada para no asustar a la hermana menor. La cena prosiguió sin problemas, pero cuando estaban lavando la loza, la madre le preguntó a Alicia:
- Te ví incómoda durante la cena hija. ¿Pasó algo?
- ¿Has tenido la sensación de que alguien te observa alguna vez? -respondió Alicia- ese sentimiento de miradas a tu alrededor pero que no te causa miedo, sino preocupación
- Estas cansada hija -respondió la madre- han sido unos días muy agotadores, lo único que te pido es que no comentes nada delante de tu hermana, ella es muy pequeña para entender esas cosas.
Alicia asintió con la cabeza y no hablaron más del tema, cuando todo estuvo ordenado, se dirigieron a sus habitaciones para dormir. El padre de Alicia recorría toda la casa cerrando puertas y ventanas. Finalmente se dirigió a la puerta trasera, donde había un interruptor con dos encendidos, con uno dejó prendida la luz del patio trasero, el otro al perecer no estaba funcionando, pero debería ser del fondo del patio, donde estaba un cobertizo que se usaba como taller y para guardar herramientas.
Todo estaba apacible y en orden hasta que en medio de la noche, Alejandra, la hija menor, dio un gran grito de espanto que alertó a todos en la casa. En menos de un minuto, todos estaban en la pieza de ella para ver qué le había pasado. La pequeña no paraba de llorar, la madre la abrazaba intentando consolarla; a sus cortos cinco años eran comunes las pesadillas, más aún tratándose de un lugar nuevo para ella.
Cuando ya se calmó no dijo nada que esclareciera lo ocurrido, todos volvieron a sus habitaciones, menos la madre que esa noche durmió con ella. Al día siguiente la pequeña no se acordaba de nada de lo sucedido, así que asumieron que había tenido una pesadilla. Ese día Alicia decidió ir al pueblo para ver si encontraba algún trabajo en su especialidad o debería ofrecer visitas a las granjas de alrededor.
Mientras tanto, en la casa, su padre trabajaba en el jardín. Sacaba la maleza, las hojas secas y trataba de darle un aspecto más hogareño a tan amplio patio. Cuando terminó con la limpieza, puso sus ojos en el cobertizo. Si la casa parecía haber estado abandonada por años, ese cuartucho lo parecía por siglos. Necesitaría de mucha ayuda para poner todo en orden. Al menos quería dejar funcionando la luz para las noches. Fue hasta la pieza y se dio cuenta que estaba con un gran candado, buscó entre las llaves de la casa pero ninguna coincidía.
Alicia por su parte, había tenido suerte en encontrar un puesto como ayudante del médico veterinario del pueblo, él realizaba visitas en los alrededores y hacía bastante tiempo que necesitaba un ayudante.
- Has llegado caída del cielo -le dijo el doctor- ¿Puedes comenzar esta tarde?
- Sí -respondió Alicia con gran emoción- esta misma tarde lo acompaño.
Al llegar Alicia a casa con la gran noticia, su madre ya tenía listo el almuerzo, su padre había avanzado mucho en el jardín y su pequeña hermana había pasado la mañana dibujando y pintando. Cuando Alicia se acercó a ver lo que hacía, se sorprendió de uno de los dibujos de la pequeña. Junto con dibujar lo que representaba esa casa, había colocado la figura de cinco personas en el papel. Papá, Mamá, Alicia y dos niñas pequeñas, una de las cuales era sin duda su hermana, pero la otra era una representación pequeña de Alicia. Ella no contuvo las ganas de preguntar:
-¿Quién es la otra niña Alejandra?
-Es mi amiga -respondió la pequeña- sin detenerse de pintar.
Alicia tomó otro de los dibujos y la misma niña aparecía dibujada en una casa sola, rodeada de flores, con unas líneas que parecían una calle que pasaba por su lado.
-¿Esa es la casa donde vive la niña? -preguntó nuevamente.
Alejandra asintió con la cabeza mientras continuaba pintando sus dibujos. Alicia estaba muy inquieta cuando de improviso, Alejandra dejó de pintar, salió al patio con la hoja de papel, cruzó el patio hasta llegar al cobertizo y la colocó en una pequeña rendija entre la puerta y el umbral. Luego corrió de vuelta a la casa y se sentó en su silla dando un gran suspiro y diciendo:
-Ya..., ahora puedo pintar para mi.
Esa frase hizo que Alicia se estremeciera completamente, ya que daba a entender que sus otros dibujos los había hecho para otra persona. Simplemente Alicia no quiso decir nada, pero fue a contarle a su madre.
-Sabes Alicia -respondió su madre al escuchar lo sucedido- estas muy pendiente de otras cosas, estas tensa y viendo cosas raras en todos lados; el cambio de casa nos afectó a todos de diferente manera, pero en pocos días todo será normal. Asi que deja de poner atención a detalles sin sentido y disfruta de tu nueva casa.
Tan enérgica fue su madre que en realidad terminó por convencerla, quizás eran las ansias de todos estos cambios. Esa tarde comenzaron sus visitas junto al médico, el día pasó rápido y Alicia estaba feliz de todo lo que tenía que hacer. Tan emocionada estaba que no se dio cuenta como el día terminó y debía volver a casa.
Esa noche cenaron, ordenaron y se fueron a dormir tranquilamente. Nuevamente su padre hizo todo el recorrido habitual por la casa, encendió la luz del patio, pero la ampolleta parpadeó un poco y se apagó. En la casa no había otra para reponerla, así que tomó una de la lámpara y
salió al patio, sin embargo entre la penumbra le pareció ver una sombra que se movió al fondo del patio. Con la linterna en la mano, iluminaba para un lado y otro sin ver nada, pero cada vez que la oscuridad volvía, esa silueta se presentaba en sus ojos. Un gran temor le sobrevino, se apresuró a cambiar el foco y volvió a la casa, prendió el interruptor y la ampolleta reventó. El padre de Alicia quedó pálido, totalmente consternado, puso el cerrojo de la puerta y sin decir nada se fue a la cama ante la mirada preocupada de su mujer.
-¿Qué pasa viejo?
-Nada mujer -respondió él- sólo ha sido un día muy agotador y me quedan pocos días libres para dejar toda la casa arreglada.
Aunque la mujer no quedó tranquila con la respuesta, apagó la luz y durmió. En el silencio de la noche su hija pequeña nuevamente gritaba aterrada, eso le quitó el sueño a toda la casa nuevamente y otra vez la madre se quedó a dormir con la pequeña.
Así pasaron los días para ellos, algunas noches la niña dormía bien, otras no; a Alicia le iba bien como ayudante y el padre ya había vuelto a su trabajo en el banco; aunque habían cosas de la casa que no alcanzó a arreglar. La luz del patio continuaba dando problemas y el cuarto del fondo seguía abandonado. El padre de Alicia llamó al corredor de propiedades del dueño anterior de la casa para pedirle la llave que faltaba, sin embargo la llave se había extraviado hace mucho tiempo, según le dijo. También llamó a varios maestros albañiles para contratarlos y terminar de una vez con los arreglos pendientes, pero extrañamente todos se negaban a ir
al enterarse de la dirección de la casa; no era un pueblo que abundaran los trabajos, pero no encontró ni un sólo trabajador para contratarlo.
Esa tarde Alicia volvió temprano a casa y vio a la pequeña hablando sola en la habitación mientras dibujaba y le pregunto:
-¿Qué pasa Alejandra? ¿Con quién hablas?
-Con mi amiga que no me deja tranquila -dijo la niña- no quiere que prendan la luz del patio y me hace dibujar muchas cosas y yo ya me cansé.
Alicia más que asustada, tomó los dibujos de Alejandra y los contenidos eran inquietantes. Lo que parecía ser la habitación del patio, aparecía rodeada de una nube negra, la niña salía dibujada en el interior y la familia de Alicia afuera en el patio. Todos los dibujos tenían un contenido similar y Alicia no resistió más así que llevó uno de los dibujos a su madre. En el camino hacia la cocina, Alicia escuchó un susurro tan nítido en sus oídos que la llamaban.
-Alicia..., Alicia..., diles que no prendan la luz...
La joven se dio vuelta pensando que era su pequeña hermana hablándole, pero no había nadie atrás de ella. Un escalofrío recorrió su cuerpo y salió corriendo a la cocina a contarle a su madre. La mujer estaba tan pálida como ella, entre ambas se estorbaban queriendo decir lo que les había sucedido. Una vez que Alicia le contó a su madre lo sucedido, prosiguió ella diciendo:
-Lo escuché también hija, me decía que no prendieran la luz y yo pensé que era Alejandra hablándome desde la puerta. Últimamente le ha dado por jugar hablando sola.
-No mamá -dijo Alicia- ella no juega hablando sola, ella habla con alguien que le pide que haga estos dibujos.
La mujer se puso aún más pálida y casi se desmaya al ver uno de aquellos dibujos. Afortunadamente el padre venía llegando para almorzar, tomó ala mujer y la llevó a su habitación para descansar. Cuando le contaron lo sucedido, simplemente él no les creyó, a pesar que cosas extrañas ya le habían pasado a él.
-Mañana es sábado -dijo el hombre- contraté unos maestro del siguiente pueblo para que vengan a hacer los trabajos que faltan, a ver si entre mañana y el domingo queda todo terminado.
Las palabras del hombre pasaron desapercibidas frente a las dos mujeres asustadas. Alicia se dispuso a volver a su trabajo por la tarde, con una pregunta en la cabeza la cual no tardó en comentarla al doctor:
-¿Quién vivía en nuestra casa antes?
-¿No son ustedes familiares de los Salgado? -preguntó sorprendido el doctor.
-No..., -dijo Alicia- nosotros acabamos de llegar hace unas semanas, según nos contaron hace dieciséis años que nadie vive allí.
El doctor llevó su mano a la barbilla y bajó la mirada, estaba notoriamente intrigado, con la duda de relatar o no lo que sabía. Al final dio un suspiro y dijo:
-Eres muy parecida a una niña que vivió en esa casa hace muchos años, exactamente los años que esa casa ha estado vacía. La verdad es que no quería mencionarlo pero esa familia quedó destruida tras la muerte de la pequeña. Se fueron de la casa y luego corrieron los rumores que un fantasma visitaba el lugar.
El doctor se sonrió mientras decía esa última frase, palabras que no causaron gracia en Alicia; ella no le reveló lo sucedido estos días en la casa, dado el escepticismo del doctor, pero si le preguntó lo sucedido con la niña:
-La casa tiene al fondo del patio un pieza, la habitación llega a la muralla que separa el terreno de una antigua vía ferroviaria. La pequeña encontró el modo de pasar desde la habitación, al otro lado de la muralla para jugar. Lamentablemente una noche la pequeña bajó hacia las vías sólo para ver las luces del tren que normalmente pasaba de día. Nadie se explica cómo se resbaló y cayó frente al ferrocarril y falleció en el momento. Semanas después y tras varios sucesos extraños, el tren dejó de pasar por estos lados. Algunos rumores hablaban de apariciones, otros sólo dicen que la modernidad dejaba atrás al tren.
Alicia, pensativa, volvió a su casa después de una larga tarde de trabajo, su mente estaba dando vueltas en el relato del doctor. Al llegar la cena ya estaba lista y en silencio compartió con el resto de la familia. Como cada noche después de cenar, su padre cerraba las puertas y ventanas, nuevamente al prender la luz del patio, esta se quemaba.
-Mañana será la última vez que te quemes -le gritó a la ampolleta con disgusto.
Cuando regresaba con dirección al dormitorio pasó frente a la cocina y vio la puerta del refrigerador abierta. A contraluz se veía la silueta de una pequeña, por lo que él pensó que era Alejandra. Él le hablo preguntándole qué hacía allí y ella le respondió:
-No insistas en arreglar esa luz, siempre se quemará...
La puerta del refrigerador se cerró de improvisto y el hombre dio un grito de espanto al ver que tras la puerta no había nadie. Sin duda alguien le habló, alguien estaba ahí, rápidamente todos vinieron mientras él sólo preguntaba donde estaba Alejandra.
-Está dormida viejo -respondió la madre.
Él corrió a la habitación de la pequeña y efectivamente la vio durmiendo. Regresó al comedor para contarles a su mujer y a Alicia lo sucedido, él estaba totalmente descompensado, lleno de angustia sólo se repetía que no era posible. Alicia no resistió más y les contó lo que a ella también le había sucedido y lo que había averiguado con el doctor acerca de la casa. Mientras que el semblante de la medre palidecía con el relato, el padre sólo se enojó más.
-No puedes ser tan crédula Alicia -le gritó el hombre- esos cuentos están en cada pueblo al que vayas, siempre hay fantasmas, espíritus y lo que quieras para asustar a la gente, pero siempre hay explicaciones para todas las cosas. Ya verás, mañana mismo quedará arreglada la habitación del fondo y también todas las luces del patio.
El hombre se dirigió a su habitación, la madre fue a ver a Alejandra antes de dormir mientras que Alicia se fue muy asustada y triste a su cama. Estaba muy intranquila, daba vueltas y vueltas en la cama, soñaba cosas extrañas y sin sentido. Luego se vio caminando por el patio, se dirigió a la pieza del fondo y antes de llegar a ella, la puerta se abrió sola. Alicia entró a la habitación y tras mover unas cajas de uno de los rincones, consiguió ver un panel de pared falsa que se podía mover fácilmente.
En su mente escuchaba una voz que le decía -empújalo con fuerza- y así lo hizo, el panel se desplazó y al otro lado había una pronunciada pendiente que daba hasta las antiguas líneas del tren. En su sueño todo era blanco luminoso, y la silueta de la pequeña se le presentaba al costado de las vías.
-Diles que no prendan la luz -decía la pequeña- ¿Ves? Aquí está demasiado iluminado no se necesita que las enciendan.
-Pero las luces son para el patio -respondía Alicia con toda serenidad.
-Ayúdame, sólo diles que no las enciendan, que no es necesario...
Al terminar la frase, Alicia sintió el vértigo del vacío y sintió su cuerpo flotar a gran velocidad desde atrás de la casa, hasta llegar de vuelta a su habitación. En ese momento despertó con un gran sobresalto. Ya era de día y la visión daba vueltas en su cabeza, se vistió rápidamente y salió al patio. Llegó a la puerta de la habitación trasera y tomando una palanca de fierro, reventó el candado que cerraba la entrada.
Movió alguna cosas que no eran tan livianas como lo había soñado, tampoco fue fácil desplazar el panel que finalmente la llevó al otro lado de la propiedad. Bajando la pendiente de unos cinco metros, llegó al costado de las vías. Ahí había una gruta recordatoria del accidente que terminó con la muerte de la pequeña; el tiempo y el olvido eran evidentes, desde ese lugar al mirar hacia la casa, se veían unos grandes focos que supuestamente iluminarían este lugar. A eso se refería su padre al decir: Todas las luces del patio.
Pero qué sentido tenía para la pequeña mantener el lugar a oscuras durante la noche, no era algo lógico. Alicia se apresuró a volver a la casa; durante todo el día esa pregunta estaba en su cabeza. Mientras las horas pasaban y los maestros contratados se encargaban de los arreglos, orden y pintura de la habitación trasera. También otro se encargaba de la conexión eléctrica.
Alicia estaba cada vez más impaciente, la noche se acercaba, los susurros resonaban en su cabeza, el sol se escondía lentamente en el horizonte. Alicia entró en un estado nervioso que nunca había presentado, su pequeña hermana comenzaba a gritar y la madre entró a la casa. Las cosas comenzaron a flotar por las habitaciones, Alicia escuchaba con toda claridad la voz de la niña gritando que no encendieran la luz.
Desde el otro cuarto Alejandra lloraba aterrada, el padre venía desde el patio trasero para probar si el trabajo de electrificación de todo el día había dado frutos. La puerta que daba al patio trasero se cerró de golpe, dejando al hombre afuera; el padre corrió a la entrada del frente y vio la escena espeluznante del interior. Entre los gritos de las mujeres y el ruido que hacían las cosas al arrastrarse se escuchaba la voz del hombre gritando:
-¡Váyanse de esta casa!¡Déjennos en paz!
Al ver que el padre se dirigía hacia la puerta trasera, Alicia corrió hasta él gritando:
-No enciendas la luz..., ella no quiere que enciendas la luz..., nos matará a todos, por favor papá no enciendas la luz...
El hombre no entendía nada, se esforzaba por avanzar a pesar que las cosas se le venían encima, las luces del interior comenzaron a parpadear, Alicia cayó al suelo y la figura de la niña se le apareció en frente:
-Por favor, no dejes que encienda la luz o todos morirán, la luz es la que nos matará a todos, se ve desde lejos pero viene muy rápido y después está todo en silencio e iluminado. La luz sólo nos deja solos, no dejes que la encienda...
En ese momento Alicia se dio cuenta que no era una amenaza lo que la pequeña ánima decía, sino más bien, era el temor de su trágica experiencia que la mantenía aferrada a este mundo, porque aún no se daba cuenta que la luz a la que tanto le temía le arrebató la vida. Alicia cambiaba así sus palabras y ahora le gritaba a su padre:
-¡Enciéndelas!...,¡Enciende las luces del patio papá!
El hombre sin entender nada aún se daba los últimos impulsos hacia la puerta, Alicia lo alentaba y al mismo tiempo fijó su mirada y sus palabras en la pequeña aparición:
-No tengas miedo -le decía Alicia- todo estará bien.
Al fin el hombre llegó al interruptor, encendió las luces, el patio se iluminó por completo, las luminarias alcanzaron al otro lado de la casa, justo donde se encontraba la gruta. Ella dio un grito aterrador, una luz resplandeciente iluminó toda la casa y las cosas que aún estaban flotando cayeron al suelo. El grito de la niña fantasma se extendía hasta confundirse con el sonido estruendoso de la bocina de un tren, y el mismo sonido que harían esas ruedas pesadas pasando por en medio de la sala. El ruido se fue apagando hasta desvanecerse junto con la luminiscente aparición en un estruendo impactante que reventó todas las luminarias del patio.
Todo el mundo quedó perplejo, incluso los trabajadores que estaban en el patio, que no habían escuchado nada de lo que en la casa pasaba, quedaron atónitos con el estallido de las luces.
Una vez regresada la calma a la casa, la familia se abrazó, todos se sentían aliviados de haber salido de esta pesadilla. Ellos decidieron seguir viviendo en la casa, pero echaron abajo la habitación trasera, donde el padre colocó una luces enormes que iluminan todo el patio por las noches. Todo volvió a la normalidad, pero el recuerdo de la pequeña niña sin nombre, siempre quedará.
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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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