jueves 19 de agosto de 2010

EL PASILLO




EL PASILLO


Hace tres meses que nadie entraba en esa enorme y lujosa casa, tres meses desde el día aquel en que su dueño murió trágicamente. Esta vez la casa estaba polvorienta, descuidada y dejada a su suerte, aún había cintas amarillas alrededor del cuarto donde lo encontraron. Los muebles tapados en sábanas blancas para evitar que se estropearan, era necesario dejar todo tal cual como estaba, así lo recomendó su hija.

Ella ni siquiera vino a ver el estado de la casa, con suerte apareció en el funeral, lo único que desea es vender y olvidar a quien fuera su padre. Esta era la típica casa toda polvorienta que ningún agente visitaba y claro el vendedor indicado en estas situaciones siempre soy yo. Pero esta vez es distinto, al entrar ya sentí una sensación extraña, un escalofrío que se sumaba a la baja temperatura del lugar.

Después de tres horas revisando y habiendo chequeado cada detalle, por fin me senté en la sala frente a la chimenea a descansar un momento, admirando las luminarias, la decoración y los detalles lujosos de la casa. Y pensar que murió solo, en este mismo asiento frente a la chimenea. Al fijar la mirada en la cornisa de la chimenea, algo llamó mi atención; una especie de manilla que sobresalía, pero que era distinta a las demás.

Esta manilla estaba a mal traer y el cromado ya casi no recubría el metal, mientras que el óxido ya había comenzado a hacer su labor destructiva. Me levanté acercándome lentamente para observarla, parecía una palanca, no soporté la curiosidad, la tomé con fuerza y jalé, pero no pasó nada. Se me ocurrió girar y tirar, como si fuera la manilla de una puerta común, enseguida sentí como se deslizó y liberó algo que no supe qué era.

Miré al costado de la chimenea, alrededor de ella, por sobre la cornisa, incluso por el costado de los atizadores y nada parecía haber cambiado; intenté revertir el movimiento pero el mecanismo ya estaba trabado. Mientras intentaba averiguar con mucha curiosidad qué había sucedido, los últimos rayos de sol de la tarde comenzaban a irse, acababa el día, la luz bajaba en intensidad, la casa se tornaba tenebrosa y fría.

No podía permitirme quedar en la duda, además era muy largo el viaje como para volver otro día y en realidad mi curiosidad ya estaba al límite. Guardé los papeles, ordené el maletín y saqué la linterna que llevaba, al volver a la chimenea, tomé un atizador y me acerqué a las cenizas para probar suerte, excavando en el único lugar donde aún no había buscado; una leve abertura me hizo suponer que algo más se ocultaba en ese lugar.

Empujé levemente y sentí el sonido metálico de puerta de hierro oxidada, apliqué más fuerza para empujar y se dejó sentir un viento frío y húmedo. Mientras se abría la puertecilla escondida, descubrí una especie de túnel, el acceso era muy estrecho, al primer paso resbalé hacia el interior. La linterna se apagó y caí fuertemente golpeando mi espalda y mi cabeza, la vista se me nubló, perdiendo completamente la noción del tiempo.

Al volver en mis sentidos no veía nada, la oscuridad era muy densa dentro de este pasadizo húmedo, oscuro y mal oliente; busqué la linterna por el piso y al encontrarla, iluminé el camino por donde había entrado y caído. La puertecilla estaba cerrada, sin manilla para poder abrirla desde dentro. Un profundo olor a humedad y cenizas inundaba el pasillo que se extendía tanto, que la luz de la linterna no alcanzaba a recorrerlo.

Tampoco se trataba de un gran túnel, sólo tenía dos metros de altura y aproximadamente un metro de ancho; me vi obligado a avanzar, en vista de que no podía salir por el mismo lugar que había entrado. Encerrado, aún aturdido y adolorido, sólo tenía que asumir el riesgo, a cada paso la humedad era más notoria y el frío se intensificaba; aún con la linterna no conseguía ver mucho hacia adelante, sólo oscuridad.

Recorrí unos 8 metros y el túnel se redujo en su altura y giró a mi derecha, otros 8 metros y un nuevo giro a la derecha, el espacio se redujo otra vez, tanto que me obligó a encorvarme para acceder a este nuevo codo. 5 metros más adelante y un giro a la izquierda, ya no podía pasar de pie, tuve que comenzar a avanzar gateando; el piso mojado tenía musgo y la pendiente del mismo descendía notoriamente, sólo piedra, sólo humedad.

De pronto en medio de la oscuridad y el silencio, donde sólo se escuchaba el goteo del agua por los rincones, un lejano alarido como enterrado en la oscuridad se dejó oír. Un desgarrador grito de dolor y desesperación, sumergido en la distancia y seguido de un eco apagado y escalofriante.

La piel se me erizó, al estar atrapado en ese lugar nadie sabría de mí, ese pensamiento me aterró aún más, paralizado, esperé unos segundos.

Y cuando menos lo esperaba el piso por donde bajaba cedió frente a mí, una puerta de hierro se abrió por debajo y me hizo caer a otra habitación. Era aterradora, escondida, llena de aparatos de tortura, cadenas, grilletes, me sentí transportado siglos atrás, al oscuro período de la inquisición. El escenario más impensado para una mansión tan lujosa y elegante, la portezuela se cerró tras de mí y quedé en el suelo de espaldas.

Un rayo de luz me caía desde un rincón, si había luz entonces era de día, había permanecido más de 12 horas, dando vueltas atrapado en ese lugar. Cansado y agotado por la travesía, tomé uno de los fierros a la mano y comencé a golpear y excavar en el rincón desde donde provenía la luz. Poco a poco comenzó a ceder la muralla y pedazo a pedazo avanzaba, hasta que logré ampliar la abertura y conseguí meter mi cuerpo para salir.

Finalmente fuera de ese lugar, estaba en un llano de maleza abundante, a muchos metros detrás de la mansión y oculto tras unos matorrales. Ese acceso nunca hubiera sido encontrado de no ser por esta aventura. Por suerte para mí pude escapar para contar este secreto macabro encerrado tras túneles escondidos.

La propiedad nunca se pudo vender, fue demolida piedra a piedra y en las excavaciones encontraron muchos cadáveres, ninguno reciente; enterrados en catacumbas a pocos metros más allá de donde escapé... De los gritos que escuché, nunca se supo ...


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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy
D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°


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