domingo 29 de enero de 2012

UN BESO EN LA MEJILLA


UN BESO EN LA MEJILLA


Jamás el invierno había dejado caer su furia como hoy, la lluvia torrencial no había parado en todo el día y aún seguía cayendo con fuerza.

Mis clases ya estaban por terminar, pero mi pensamiento y todo mi ser, estaban desde hace muchas horas lejos de aquí, esperándola llegar. Mi novia volvía de su viaje de dos semanas y debía recogerla en el Terminal, su bus llegaba a las ocho de la noche y casi eran las siete y treinta.

Al fin el profesor daba por cerrada la clase, rápidamente ordené mis cosas y salí. Al mismo tiempo mi amiga y compañera de curso salía junto a mí; mientras avanzábamos por el pasillo, la conversación pasó del tema de la clase, a la inclemente lluvia que caía.

Ambos íbamos en la misma dirección así que nos acompañamos conversando todo el camino. Entramos juntos al tren subterráneo y continuamos hablando de todo un poco; hace pocos meses que éramos compañeros y desde el principio ella me gustó mucho.

Sus lindos ojos acompañaban unas facciones muy finas y hermosas, su voz era dulce y delicada y su carácter era muy parecido al mío. Tal vez, ambos vimos en el otro un complemento perfecto, pero permanecimos cerca sin hacer nada más que compartir día a día y disfrutar de la mutua amistad.

Mientras más hablábamos, más cerca sentía su piel de mi piel, pero había un problema si yo quisiera dar pié a cualquier situación sentimental, yo tenía novia y precisamente en este instante iba a buscarla de su viaje.

Subimos al metro pero todos los asientos estaban ocupados, así que nos sentamos en el piso del vagón para conversar a gusto. Sus labios, sus ojos y su perfume invadían todos mis sentidos, su cara mojada por la lluvia irradiaba una paz que me envolvía por completo.

Mi corazón latía con más fuerza que nunca y en un instante sin darnos cuenta, guardamos silencio; nos miramos intensamente cara a cara y nuestros ojos completaron las palabras silenciosas que fluían.

No era necesario decir absolutamente nada, sólo me bastaba con acercarme, tomar su cara en mis manos y besar sus labios que estaban listos para recibirme. El momento no podía ser mejor para nosotros, pero muy dentro de mí me invadió el temor, el recuerdo latente de mi novia detuvo cualquier reacción de parte mía.

Mi racionalidad pudo más que mi instinto y mis impulsos se detuvieron al instante, se congelaron con sólo colocar su cara y su nombre en mi memoria. Más poderoso que lo que sentía por ella, fue mi profundo sentido de lo correcto.

Me alejé levemente de ella rompiendo ese momento mágico sin decir nada; sabía que nunca más tendría una oportunidad como la ofrecida esta noche. Me levanté y sólo pude decirle que ya estaba pronto a llegar a mi estación.

Mi mente estaba echa un desastre y mi cuerpo realizaba la acción contraria a la de mi deseo; por dentro maldecía mi reacción infantil y moralista por hacer lo correcto.

Le tomé la mano para ayudarla a levantarse, mientras pensaba que aún podía preguntarle si la acompañaba hasta su estación, incluso si ella quisiera hasta la puerta de su casa. Pero sólo pude despedirme con un beso en su mejilla y un roce en sus manos mientras descendía del vagón.

Las puertas se cerraban y sus ojos luminosos no me perdieron de vista mientras la observaba partir. La cobardía había triunfado, contra la osadía de hacer lo que realmente sentía.

Me dirigí con prontitud hasta el Terminal de buses, para esperar a mi novia. Ella había estado dos semanas lejos y necesitaba estar con ella, besarla y abrazarla; por más que me esforcé, nada impidió que reservara mis besos y mis caricias sólo para ella.

Esperaba pacientemente mientras la lluvia continuaba cayendo en la ciudad; ya pasaba más de media hora de la hora de llegada del bus. Todos los que aguardaban a sus familiares estaban a la expectativa, preocupados e impacientes.

A una hora del tiempo de llegada, recién avisaron del retraso del bus a causa del clima. Estaba mojado completamente ya que cada cierto tiempo me acercaba al andén a ver los buses que llegaban. Volví a colocarme bajo techo y después de dos horas más tarde, el bus hacía su ingreso por la entrada sur del Terminal.

Finalmente ella ya estaba aquí, de pronto me di cuenta que su padre también había venido a recibirla; eso era extraño ya que hasta donde sabía, nadie vendría a buscarla, pero quizás era por la lluvia habían cambiado los planes.

Primero bajaron sus dos amigas con las que realizó este viaje y al verla aparecer en las escaleras, mi primera reacción fue acercarme corriendo a saludarla con todo mi amor. Ella colocó su mejilla para recibir mi beso de bienvenida y su abrazo, fue un cortés compromiso que desmoronó mi mundo en pedazos en ese instante.

Se acercó a saludar a su padre, mientras yo ayudaba a sacar su equipaje del bus, al volver me dijo que iría con él donde una tía, que si yo quería iba también. No comprendí en ese momento la real intención de sus palabras, así que accedí a acompañarlos pensando que serían sólo un par de horas para volver luego a casa.

El transcurso del Terminal a la casa de su tía fue un recorrido muy silencioso, sus manos tibias se oponían a mis heladas y húmedas manos que esperaron bajo la lluvia una eternidad. La estadía en ese lugar fue un tormento que no quería enfrentar hoy, su lejanía evidente era una señal inequívoca de que algo andaba mal.

Ese frío beso en la mejilla, entumecido por la lluvia en mi cara y el pasar de las horas, estaba lejos de esos cálidos segundos frente a mi compañera. Esa magia intensa llenó el verdadero sentido de estar vivo este día tormentoso.

Esos instantes sin retorno permanecen en mi recuerdo con mucho pesar. No sólo por la situación o por dejar ir un momento que hubiera cambiado mi vida, sino porque a los dos días de volver de su viaje, finalmente mi novia terminó conmigo y la única oportunidad real de encontrar un nuevo amor, desaparecía como las aguas de la lluvia.


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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°


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