jueves 18 de agosto de 2011

CINCO MINUTOS



CINCO MINUTOS


Un ruido extraño lo despertó, corría viento afuera y generalmente las ramas golpeaban su ventana en las noches de tormenta; pero guardando silencio un instante, se dio cuenta que la lluvia había parado. Se levantó como siempre para dar una vuelta de rutina por la casa; fijando su vista en el ventanal que daba a la terraza, notó que la cortina estaba corrida y era su costumbre maniática dejar todo bien cerrado, incluso aquellas cortinas.

Se acercó con más atención y vio en el pasillo marcas de pisadas y barro, eso lo estremeció por un momento. Trataba de pensar qué podía usar en caso de tener que defenderse de algún intruso; la cocina estaba lejos y lo más cercano a él era el atizador de la chimenea. Se acercó lentamente, pero al estar a pasos de alcanzarlo, recibió un fuerte golpe que lo aturdió.

Despertó tras largos minutos atado a una silla en medio de la sala, frente a él y con la luz apagada, pudo distinguir la silueta de un hombre alto y fornido. Al verlo que lentamente despertaba, el hombre le arrojó un vaso con agua a la cara, diciendo:

—Eso es para que despiertes más rápido; ahora nos divertiremos un rato, yo te haré preguntas y tú sólo responderás con la verdad.

En vano intentó soltar sus manos o mover los pies, mientras le preguntaba ¿quién era?

—Nadie que te interese conocer —contestó el hombre— sólo responde a mis preguntas y vivirás. Dime, ¿Dónde guardas los planos del último proyecto en que trabajaste?

Esa pregunta era fácil de responder, pero también sabía que grupos opositores al proyecto, harían lo que fuera para impedir que se termine con éxito.

Una y otra vez negó la tenencia de esos planos: …que no estaban en la casa,… que él no era el encargado de guardarlos,… fueron algunas de sus respuestas.

Pero no era lo que su captor quería escuchar. Un golpe directo a su mano izquierda con una vara de acero fue el inicio de la tortura, por cada negativa, un nuevo golpe se dejaba caer sobre él sin compasión.

—No nos estamos entendiendo, pasaremos a otro tipo de preguntas.

Encendió la luz y miró alrededor de la habitación, fijando su mirada en el piano a un costado de la sala. Se acercó y presionaba las teclas demostrando que no tenía la mínima idea de ejecutar tan bello instrumento.

—Nunca aprendí —dijo— pero seguro es un bonito pasatiempo.

Se aproximó a su víctima sujetando fuertemente su mano y sacó un enorme cuchillo para intimidarlo.

— ¿Podrás tocar con sólo nueve dedos? ¿No creo que te moleste?

Colocó el cuchillo sobre la uña de su dedo pequeño y lo miró fijamente a los ojos. Parecía sólo una amenaza de un hombre desesperado por respuestas, pero algo en sus ojos le hizo sentir que era más serio de lo que parecía.

Retiró el cuchillo por un instante, lo amordazó para evitar sus gritos. Pronto cambió esa leve sonrisa de amenaza de su cara y con mucho odio, cortó su dedo dejando escapar un grito de dolor desgarrador, que se apagó a causa de la mordaza que le tapaba la boca. La sangre manaba y su captor colocó un pedazo de tela que tapó la dolorosa herida.

— ¿Pensabas que bromeaba, que no haría lo que te dije? Ahora quiero saber dónde está lo que hace media hora te estoy pidiendo. Quiero los planos del proyecto y los quiero ahora o tocarás el piano con dos dedos menos; eso sería divertido verlo... ¿Me dirás donde están?

Ante tal amenaza y viendo la decisión de su captor, asintió con la cabeza dándole a entender que esta vez hablaría. El hombre sacó la mordaza de su boca y su víctima le lanzó un escupitajo a la cara insultándolo. Esto lo hizo enfurecer de tal manera, que le colocó nuevamente el tapa boca, sujetó su mano mientras su víctima forcejeaba sin parar y con un rápido movimiento, cortó su dedo anular; tanto fue el dolor que esta vez se desmayó.

Mientras permanecía inconsciente, el sujeto le vendó la mano para parar el flujo de sangre y colocó el trozo de dedo aparte. Tras un par de minutos, volvió a mojarle la cara con agua para despertarlo.

— ¿Sabes? Me estás impacientando de verdad, creo que no razonas, tal vez estás dormido —y volvió a lanzarle agua— veo que estas despierto; bueno, quiero que entiendas que sólo quiero los planos del proyecto.

Le retiró la mordaza y él preguntó entre gemidos de dolor.

— ¿Para qué quieres esos planos? El proyecto se inaugurará en unos días y no puedes hacer nada para evitarlo.

Una risa burlona salió de boca del captor:

—Para qué querría evitarlo —dijo— No es eso lo que buscamos, sólo necesito saber cuales son los puntos que sostienen el edificio, saber las debilidades de tu hermoso rascacielos.

Ahora todo comenzaba a tener sentido, el proyecto se inauguraba en cosa de días, él había dado aviso que saldría de la ciudad por un tiempo.

Si obtenía esos planos y sus intenciones de un gran atentado se concretaban, nadie podría enterarse de esta conspiración a tiempo y todo lo inculparía a él. Sólo podía negarse una y otra vez para impedir que los obtuvieran.

Su captor tomó el cuchillo y lo colocó en otro dedo mirándolo a los ojos nuevamente. Él ya sabía de lo que era capaz el sujeto, no necesitaba ponerlo a prueba otra vez.

— ¿Dónde están los planos? —repitió lentamente pero con voz autoritaria.

—Te lo diré, pero debes contarme qué harás con ellos.

Una risa burlona salió de su boca antes de responderle.

—No estás en condiciones de pedir detalles, pero te daré algunas pistas. Esto se trata de una venganza; nada político, nada humanista, ni ambientalista; sólo una simple y organizada venganza, planificada desde hace siete años. Una larga espera de siete años vigilando, interviniendo en las sombras y ahora es tiempo de concretar nuestros planes; ninguna pista los llevará a nosotros y nada nos liga a todo lo que pasará. No necesitas saber nada más, ahora haz tu parte y no quiero más mentiras.

Él le dijo exactamente donde estaba la caja fuerte y la combinación, sólo había un problema, además de los números necesitaban su huella digital para abrirla.

—Bien..., ¿A qué dedo corresponde la huella para la caja? —preguntó.

—El dedo índice de la mano que me estas mutilando..., pero no lo cortes, por favor..., yo te ayudo a abrirla, pero no lo cortes, no lo soportaría.

—No intentes nada estúpido, ¿escuchaste? Vamos a la caja, la abres, saco lo que vine a buscar y te ato nuevamente antes de irme.

Le desató ambas manos permitiéndole sacarse la cuerda de encima. Se dirigieron a la caja fuerte que se encontraba en una de las habitaciones; la abrió lentamente debido al dolor que sentía en su mano, de improviso empujó a su captor hacia atrás con fuerza e intentó tomar un arma que tenía escondida allí.

A pesar de tomarla con ambas manos no fue capaz de jalar el gatillo, el intenso dolor y la ausencia de dos dedos se lo impidieron. Su captor se levantó rápidamente, con mucha rabia le quitó el arma golpeándolo con fuerza en la cara.

Volvió a golpearlo un par de veces, hasta dejarlo en el suelo sin movimiento; fue a la cocina y tomó un cuchillo tipo machete y se apresuró a volver. Sujetó su mano con fuerza y de un golpe le mutiló los tres dedos restantes, el grito que lanzó fue enorme y volvió a golpearlo en la cara hasta noquearlo…

El agua en la cara lo despertó nuevamente, esta vez estaba atado y amordazado, mientras intentaba reconocer en donde se encontraba, escuchó varias voces y una de ellas era la de su conocido captor.

—Despiertas a tiempo para la celebración. Hoy es el gran día, ya tenemos todo listo y te agradecemos tu vital ayuda... jajajajaja.

Estaba en el interior de una camioneta, rodeado de unos tambores que aparentemente se trataban de explosivos; habían pasado varios días desde que lo habían capturado en su propia casa, todo había sido perfectamente planificado.

Faltaban algunas horas para la esperada inauguración, a ella asistirían cientos de personas; se suponía que nadie debería estar en el edificio en esos momentos; pero ellos consiguieron acceso como supuestos técnicos trabajando en los detalles finales de la obra.

Llegada la hora, cerraron la camioneta y finalmente su captor se despidió de él. Un silencio absoluto se apoderó del lugar y la desesperación por salir, comenzó a crecer; él se movía de un lado a otro intentando soltarse las amarras.

Después de mucho esfuerzo, finalmente consiguió soltar una mano, la que tenía mutilada y herida. Como pudo se arrastró hasta donde su captor había activado los explosivos. Muchos cables, unas perillas y un marcador digital indicaba 90 minutos y bajando, y él no conseguía soltar su otra mano y tampoco los pies.

Con resignación y lo que quedaba de sus dedos intentó mover las perillas para ver qué resultaba de eso. Sólo presionó un par de botones y el reloj digital saltó de 87 a 60 minutos y bajando, eso lo desesperó más. Todo lo que consiguió con su maniobra fue acelerar el proceso y ahora no sabía qué más hacer.

Aún amordazado, intentaba gritar con todas sus fuerzas sin conseguir que alguien lo escuchara. Una cuota de culpabilidad lo embargó y también ese dolor de saber que cientos de personas morirían si esto llegaba a suceder; si esa bomba finalmente estallaba.

Pensando en los movimientos que hizo anteriormente para reducir el tiempo del reloj, pensó que si seguía los mismos pasos a la inversa el tiempo aumentaría. Lo intentó, pero nuevamente el reloj acortó el tiempo, de 55 a 30 minutos. Gritó desesperado y angustiado, perdido en el silencio de ese oscuro estacionamiento.

Después de tantos intentos inútiles por zafarse y casi resignado a que esto sucedería, pensó que era preferible que aconteciera antes de lo que ellos habían planificado; al menos de esa manera no moriría tanta gente inocente. Se resignó a que nada lo salvaría y movió los botones nuevamente consiguiendo que el reloj bajara de 29 a 5 minutos. Con ello había sentenciado su vida por salvar la de cientos.

Cuatro minutos y pensaba en su familia y amigos, las cosas que hizo y las que no. Tres minutos y comenzó a orar y a ponerse a cuenta con su vida aún joven. Un minuto y la cuenta regresiva lo hizo llorar amargamente y gritar, sus alaridos cansados hacían eco en la soledad del subterráneo.

Treinta  segundos y empujaba haciendo los últimos esfuerzos por soltarse en un arrebato desesperado por que un milagro ocurriera. Quince segundos y cerró los ojos contando para sí los últimos instantes: cinco, cuatro, tres, dos... Todo terminó.




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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy
D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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