lunes 9 de enero de 2012
CONGELA MI CORAZON
CONGELA MI CORAZÓN
El calor de la tarde la obligaba a mantener las ventanas de su departamento abiertas y ventilador prendido, sin duda era uno de los veranos más calorosos en la ciudad. Consiguió que el conserje le trajera bolsas de hielo y las colocó en la bañera. El timbre sonó y fue a abrir la puerta, nuevamente era él trayéndole más hielo.
—Con esto es suficiente por hoy don Eduardo, muchas gracias.
Le recibió las bolsas y fue directamente al baño a colocarlas en la tina; dejó la puerta abierta sin pensar que al volver se encontraría cara a cara con su peor pesadilla.
Su ex novio estaba parado en la entrada, mirándola de pies a cabeza y con una sonrisa burlona le dijo:
—Me ha costado encontrarte pero al fin ya estoy aquí preciosa, tráeme algo helado para tomar que este calor me está matando.
Un terror enorme se apoderó de ella, era imposible imaginarse que después de tanto esfuerzo por librarse de él, aparecería de la nada a su puerta.
Apenas podía moverse temblorosa de la impresión y la rabia; fue a la cocina y le sirvió un vaso de agua con hielo. Al traérselo él lo arrojó contra la muralla y gritando con fuerza dijo:
— ¡¿Cómo... tanto tiempo lejos y me recibes con un vaso de agua?!
En dos tiempos golpeó su cara con su pesada mano lanzándola al suelo. Ella no dijo una palabra, sabía que hablar sólo empeoraría la situación.
En silencio recogió los pedazos de vidrio y mientras secaba el piso con un paño, recordaba el infierno que había vivido a su lado. No podía permitir que se repitiera todo su pasado nuevamente, si no ponía fin a esta situación sería su perdición.
Sin meditarlo mucho, al volver a la cocina a dejar el paño mojado, tomó el cuchillo más grande y filoso que tenía, mientras se armaba de valor para enfrentarlo.
Temblando en una mezcla de rabia y nervios, se paró frente a él amenazándolo con el cuchillo y diciéndole que se fuera. Una carcajada burlona salió de boca de él en respuesta a semejante amenaza.
Él se acercaba riéndose confiado de la debilidad de ella e intentando arrebatarle el cuchillo de las manos; al no conseguirlo fácilmente, él se abalanzó contra ella sin medir las consecuencias.
Ella no bajó los brazos como él pensaba y el arma se clavó profunda y directamente en su corazón. Ninguno de los dos esperaba este desafortunado final. Su cuerpo sangrando se tornaba cada vez más pesado en sus débiles brazos y finalmente lo dejó caer sobre el piso del pasillo.
Ella cayó de rodillas llorando al lado del cuerpo sin vida. Su tímida personalidad y la perturbadora situación, la llevaron a hacer otra locura. Con total frialdad y mucho esfuerzo, arrastró al hombre hasta la tina del baño.
Trajo todo el hielo que tenía en la casa y lo puso sobre él hasta cubrirlo por completo. Cada centímetro estaba tapado sabiendo que no podría mantenerlo así por mucho tiempo.
Se sentó por largas horas llorando y maquinando qué hacer con la evidencia del crimen. Unas horas más tarde, llamó a la tienda para encargar algunas bolsas más hielo, así podría mantener el cadáver helado toda la noche.
A los minutos después sonó el timbre y corrió a atender; era el muchacho de la tienda. Tanto hielo encargó en esta oportunidad, que el conserje le hizo pasar directamente a su departamento.
— ¿Dónde lo coloco señorita? —preguntó atentamente el joven.
—Llévalo a la tina del baño por favor.
Tan concentrada estaba planeando como deshacerse del cuerpo, que olvidó que el cadáver ya estaba visible al derretirse el hielo de la tina. Tampoco había limpiado el charco de sangre en el piso del baño.
Ella no alcanzó a detener al muchacho antes que entrara al baño; él se resbaló en el charco cayendo de espaldas y golpeándose la nuca contra el piso. El joven no se movía, yacía tendido sin vida en el piso ensangrentado.
Esta seguidilla de sucesos no era cosa fácil de explicar, quién lo creería, dos muertos en su departamento. A su ex novio nadie lo vendría a buscar a su departamento, pero al muchacho de la tienda, lo más probable que sí.
Todo era tan confuso y perturbador que sólo repitió lo realizado anteriormente; colocó el cuerpo en la bañera, tapándolo de hielo hasta arriba. Esta vez limpió el piso y cualquier rastro de sangre que hubiere quedado.
Necesitaba tener una coartada para que nadie viniera a preguntar por el muchacho, así que fue a la tienda a preguntar por qué no había llegado su pedido de hielo. Extrañado el dueño de la tienda le comentó que había sido despachado hacía más de media hora; y se comprometió a enviar una nueva orden lo antes posible.
Mientras estaba allí se fijó en las máquinas congeladoras, eso le dio una nueva y torcida idea, definitivamente su mente estaba perturbada.
Al día siguiente compró un congelador similar al de la tienda y colocó los cuerpos en el interior; por algunas semanas todo estuvo bien y sin complicaciones.
Pero una mañana temprano sonó el timbre, era el hermano de su ex novio, una persona muy similar a él, prepotente, violento e iracundo. Lo último que sabía de él es que venía a buscarla, pero al pasar semanas sin que le llamara, decidió venir a buscarlo.
Ella se mostró sorprendida, negando una y otra vez que lo hubiera visto; el hombre se fue sin creerle, pero que volvió el mismo día por la tarde.
Ella compraba hielo cada día para mantener el congelador lleno y el pedido de esa tarde llegó al mismo tiempo que la segunda visita del hombre.
Esta vez él insistió en entrar al departamento, ella negaba en todo momento el encuentro, pero él le dio un empujón haciéndose camino para entrar. Mientras discutían acaloradamente, él recorría el lugar empujando los muebles y abriendo las puertas, al mismo tiempo el hombre de los pedidos dejaba el hielo en la tina del baño.
Ya habían recorrido cada rincón del departamento y entró al baño golpeando al hombre de la tienda. El despachador, alto y fornido, respondió al empellón con un golpe, lo que encendió los ánimos de ambos y se trenzaron a golpes violentamente.
El despachador sacó el pica hielo, mientras el otro sujeto que no venía armado, hacía uso de lo que estuviera a la mano. Tomó una lámpara y se la lanzó; luego corrió a la cocina en busca de un cuchillo, la lucha era a muerte.
El despachador tomó al paso un florero arrojándoselo, luego se acercó velozmente al hombre y le acertó un puntazo en el estómago. El hombre cayó al suelo mientras la sangre brotaba. Cuando su atacante se le acercó para herirlo nuevamente, él reaccionó lanzando el cuchillo y clavándolo directo a la garganta del despachador; la profunda herida lanzaba un chorro de sangre por todos lados.
El hermano de su ex novio se acercó al hombre de rodillas y lo remató en el suelo. Inesperadamente la mujer que había presenciado toda la pelea, tomó una estatua de piedra y lo golpeó en la cabeza, desnucándolo.
Su departamento era un mar rojo y dos muertos se sumaban a su tragedia; era como una maldición y estaba totalmente al borde de la locura.
En forma mecánica y totalmente choqueada, ella realizó el mismo procedimiento anterior; limpió las murallas, el piso y acomodó los cuerpos en la bañera. Luego se sentó en la sala a contemplar el suelo, así pasaron las horas sin comer ni beber nada, simplemente no reaccionaba.
Pasaron los días y el intenso olor puso en alerta a los vecinos, quienes llamaron a la policía. Al llegar ellos abrieron la puerta, pero no se veía a nadie por ningún lado; las ventanas estaban abiertas y el ventilador encendido.
Tras revisar cada habitación, se dirigieron al baño de donde venía el mal olor; al entrar encontraron los dos cadáveres con tres días de descomposición en la bañera.
Mientras en la sala, el agua se filtraba desde el congelador, al abrirlo encontraron otra macabra escena; mezclando hielo y sangre, encontraron dos cadáveres más.
Después de eso decidieron revisar cada rincón del departamento, adentro de cada mueble, el closet y el refrigerador. Ahí estaba ella, parecía dormida pero estaba muerta y desnuda, con un papel escrito que decía:
—La muerte me rodea, llévate mi cuerpo y congela mi corazón.
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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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