viernes 21 de mayo de 2010
TUNELES DE SANGRE
TÚNELES DE SANGRE
Secuela de la historia 19 "El último tren de la noche"
Aún no se levantaba el sol sobre las montañas, el tren subterráneo aún no estaba abierto al público. Los primeros en llegar siempre eran los guardias, los jefes de estación, conductores, cajeros y el personal de aseo. La mañana era apacible hasta que se dejó escuchar el grito aterrador de una mujer haciendo eco en los solitarios pasillos. La encargada del aseo del andén había descubierto el rastro de sangre.
Los demás trabajadores que acudieron a ayudarla la encontraron en el suelo, paralizada por del pánico. El camino de sangre recorría gran parte del pasillo, hasta llegar al final del andén e internándose hacia el túnel. Rápidamente llamaron a la policía y se decidió cerrar esta estación hasta saber lo que había sucedido.
En cosa de minutos todo era un caos; la estación estaba clausurada, los trenes no podían circular por estas vías. La gente que llegaba habitualmente, se agolpaba a las afueras exigiendo una explicación e intentando saber más de lo acontecido. Los medios de prensa se hacían presente y los rumores crecían a medida que los minutos pasaban. Los rumores más escuchados fueron desperfectos técnicos, algún suicidio, la alerta de una posible bomba y otros similares.
Sin duda era algo que conmocionaba a toda la ciudad. La policía recorrió todo el túnel siguiendo el rastro hasta llegar a una zona de muy difícil acceso. Por otro lado, los forenses tomaban muestras de la sangre, la que horas más tarde revelaría que se trataba de sangre humana. Lo que hubiera causado todo este caos ya no se encontraba al alcance.
Decidieron organizar un equipo de búsqueda más especializado, pero para no causar pánico en la población, la investigación se realizaría durante la noche. Todos los recorridos volvían a su normalidad luego de seis horas de arduo trabajo.
El día pasaba y los equipos estaban listos para su segunda entrada a los túneles. La expectación se hacía cada vez mayor, el encuentro con lo desconocido mantenía a todos en un notorio estado de ansiedad. Las estaciones eran cerradas y los equipos de fuerzas especiales avanzaban por el túnel para reiniciar la búsqueda.
Uno a uno los hombres armados comenzaron a descender por un acceso estrecho y mal oliente. La sangre se mezclaba con la humedad del piso hasta llegar a una especie de recámara de descanso. Hasta ese lugar llegaban tubos y cables que se conectaban con la siguiente estación; en este lugar encontraron ropas rasgadas, llenas de sangre y mezcladas con trozos de carne.
Sin duda lo que arrastró el cuerpo hasta allá se alimentó de su carne; pero qué clase de animal podría vivir bajo la ciudad sin ser visto. El túnel se extendía por varios metros hasta llegar a una nueva recámara. Esta vez el rastro de sangre no continuaba avanzando por el túnel, sino que se desviaba hacia un foso que permanecía abierto. Junto a la tapa del foso había una escalera que descendía unos cinco metros. Sólo seis policías recorrerían esos lugares, el resto permanecería allí. Lo que estuviera moviéndose a través de esos pasillos, les llevaba la gran ventaja de conocer ese lugar.
Separados en parejas, se encaminaron en diferentes direcciones; la humedad se incrementaba a cada paso que daban y el olor se tornaba cada vez más insoportable. El primer par de hombres se dirigió hacia el sur; en su avance llegaron al final del pasillo original y se encontraron con un nuevo y más pequeño túnel que había sido excavado rudimentariamente. Por otra parte el segundo equipo que avanzaba en dirección opuesta, encontraba algo similar al final de su recorrido. Al parecer ese ser había realizado extensiones de los túneles, creando así nuevas conexiones por las cuales desplazarse.
Todos tenían miedo de continuar avanzando por semejantes túneles. De pronto una serie de disparos se escucharon en la dirección que avanzó el tercer grupo. El ruido movilizó a todos hasta llegar a uno de los pasillos y encontraron sólo a uno de los dos policías tendido en el suelo en evidente estado de pánico.
Tenía sus ojos llenos de terror, el arma aún en la mano, apuntando hacia otro agujero al final del pasillo. Todos le preguntaban por su compañero, pero él no pronunciaba una palabra, sólo señalaba el oscuro pasillo delante de ellos. Con mucha cautela se acercaron para encontrar rastros de sangre fresca mezclados con la húmeda tierra del lugar. Tres de ellos entraron por el pasillo intentando dar alcance a lo que fuera que había atacado a sus compañeros. El laberinto de pasillos los desorientaba al punto de no poder seguir la búsqueda.
Al no encontrar nada, los hombres decidieron volver a la superficie antes de lamentar la pérdida de alguien más. A esta profundidad sus equipos de radio eran inútiles por lo que debían volver para dar aviso de lo sucedido. Cuando retrocedían hacia la salida encontraron el cadáver de su compañero con la cara destrozada y los brazos quebrados. La aterradora visión los dejó estáticos; lo que estuviera en esos pasillos, sin duda era más peligroso de lo que ellos imaginaban.
Los cinco sobrevivientes intentaban regresar a la superficie cargando el cuerpo de su compañero, cuando desde las sombras se dejó escuchar un alarido bestial. Todos se sobresaltaron y se miraban entre ellos, el ruido se perdía entre los oscuros pasillos. El aterrador grito se sentía en todas direcciones y no sabían si seguir avanzando o retroceder.
Al fin llegaron a una recámara que conectaba cuatro pasillos; entraron por uno de ellos. Dos hombres iban al frente seguidos por los dos que cargaban el cadáver de su compañero y finalmente el quinto hombre cubriendo la retaguardia. Eso era así hasta que se dieron cuenta que en algún momento, él había desaparecido sin dejar rastros y sin gritos.
Los estrechos y confusos pasillos no los conducían a ningún lado, era un laberinto de muerte sin salida. Llegaron a una recámara mucho más grande que conectaba el pasillo con un canal de agua, posiblemente eran las aguas del alcantarillado proveniente de otras estaciones. Habían caminado en dirección opuesta a la que habían entrado; pero no tenían la intención de volver, sólo necesitaban encontrar una nueva salida.
Cruzando una pequeña plataforma sobre el canal de agua, había una escalera que conectaba con un nivel más arriba. Desde aquí sería imposible subir el cadáver así que decidieron dejarlo en aquel lugar. Uno a uno fueron subiendo por la escalera hasta que fue el turno del cuarto hombre, mientras sus compañeros lo esperaban arriba. Ya tenía medio cuerpo en la recámara superior cuando el hombre comenzó a dar gritos desesperados de dolor. Sus compañeros lo sujetaban de las manos sin poder sacarlo de la zona de escaleras, cuando al fin pudieron, sólo tenía la mitad de su cuerpo. La bestia había desgarrado sus piernas y el hombre se desangraba rápidamente ante la mirada de los demás.
Tanto fue el terror y la desesperación que uno de ellos comenzó a disparar a la recámara inferior al escuchar los gruñidos de la bestia y decidió bajar para darle muerte. Su locura lo llevo escaleras abajo, disparando sin cesar hasta agotar sus municiones. Sus compañeros observaban desde arriba al hombre parado sobre la plataforma, al pie de la escalera; cuando desde el agua se levantó la figura bestial. Lejos de lo que ellos pensaban, no era un animal lleno de pelos o algo similar.
Parecía un hombre enorme con mutaciones en sus articulaciones que le obligaban a caminar encorvado, con una gran musculatura y garras en manos y pies. El color de su piel era muy pálida y se movía con una velocidad inimaginable para una bestia de su tamaño. De un zarpazo derribó al hombre y se abalanzaba sobre él para darle muerte. Los dos hombres no podían creer lo que veían, sin pensarlo dos veces corrieron hasta una puerta lateral que los conducía a un largo y amplio túnel. El fuerte olor que había en el ambiente se impregnaba en su piel.
A medida que avanzaban los pasillos se teñían de sangre por todos lados, hasta que llegaron a una gran habitación llena de cadáveres, restos de ropas, huesos, calaveras y todo tipo de desechos humanos. Sin duda habían llegado a la guarida de la bestia, habían sido cazados uno a uno hasta acorralarlos en este lugar sin salida. Al final de la habitación había una escalera que conectaba con un nivel superior; esa podría ser su única salida, ya que lo más probable es que la bestia los seguía muy de cerca.
Usando largos y fuertes huesos trabaron la puerta antes de dirigirse hacia la escalera, a medida que subían, se comenzaron a escuchar fuertes golpes en la puerta. La bestia embestía con todo su cuerpo intentando entrar en la habitación. Peldaño a peldaño subían hasta el techo encontrando una enorme tapa metálica que cerraba la habitación.
Golpe tras golpe la puerta sucumbía ante las fuertes embestidas de la bestia, mientras los hombres intentaban desesperadamente levantar la pesada tapa que les impedía salir. El hombre que se encontraba más arriba le pasó su arma a su compañero y se acomodó de tal manera de sujetarse con la piernas, mientras con ambos brazos empujaba hacia arriba. En ese momento la bestia derribó la puerta y entró a la habitación; la adrenalina fluía más que nunca y el segundo hombre comenzó a disparar mientras su compañero continuaba su esfuerzo con la tapa.
Lentamente el bloque de acero se levantaba ante los esfuerzos desesperados del hombre, mientras la bestia no podía ser alcanzada por los disparos de su compañero. Con mucha habilidad se movía por la habitación, hasta que fue alcanzada por un disparo certero en el torso. La tapa finalmente se abría y el primer hombre salía de la habitación, mientras su compañero permanecía expectante en la escalera, disparando las últimas balas que quedaban en su arma.
Unos segundos permaneció inmóvil esperando alguna reacción de la bestia; al ver que eso no sucedía, procedió a subir los peldaños que le faltaban para salir. No alcanzó a llegar al borde superior, cuando se escuchó el gruñido de la bestia que se había incorporado y con un gran salto sujetó las piernas del hombre. Su compañero intentaba sostener sus brazos mientras la bestia lo jalaba hacia abajo; las fuerzas de ambos se desvanecían y con gran impotencia el hombre veía caer a su compañero escaleras abajo.
Su compañero caía sobre la bestia, amortiguando la caída de más de tres metros de altura; aprovechando lo aturdido que la criatura había quedado, el hombre usó el arma de su compañero para dispararle la carga completa a la bestia. Los disparos fueron mortíferos y al fin conseguían darle muerte a la criatura. La pesadilla había terminado aunque habían perdido a cuatro compañeros en esta búsqueda fatal.
La radio ya tenía alcance en este lugar y los equipos de rescate se movilizaron rápidamente hasta donde se encontraban. Cientos de metros los separaban desde su el punto de entrada hasta donde habían conseguido escapar. En los días posteriores se rescataron los cuerpos del resto del equipo, así como los restos humanos en la madriguera de la bestia. Se calcula que más de cien habían sido las víctimas de la criatura, muchos de ellos antiguos funcionarios del tren subterráneo que se habían dado por desaparecidos.
De la bestia poco se dijo para no crear pánico en la ciudad, pero su procedencia desconocida será un misterio por siempre, hasta convertirse en un mito. Pero no será fácil de olvidar por los dos hombres que consiguieron escapar con vida de sus garras.
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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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Uyyyyyy esta buenisima
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