VOLVIENDO A CASA
Secuela de la historia 16 "Los Extraños"
He perdido la noción del tiempo, cada día es como un infierno sin fin; mi alma deambula por los rincones de esta casa olvidada, sin encontrar una salida. No soy un fantasma, eso lo tengo claro; pero tampoco tengo un cuerpo materializado; sólo soy una sombra sin rumbo.
Pensé que estaría por siempre sin volver a ver la cara de alguien. Hasta que esta familia vino de visita a esta casa. Al principio no los reconocí, pero luego me di cuenta que se trataba de los dueños, los mismos que nos arrendaron la casa en vacaciones.
Pero por qué tardaron tanto en venir ¿Podrán ayudarme a escapar de esta maldición? El primer día la pasaron limpiando y ordenando, movieron muebles abrieron las ventanas y puertas para ventilarla. Por largos días había estado todo en absoluto silencio, ahora tanto alboroto me impacientaba.
No sabía como comportarme ante esta situación ¿Cómo les hacía notar mi presencia? Muchas veces me paré frente a ellos sin resultados, intentando hablarles sin que me pudieran escuchar. Incluso al ver las puertas abiertas pensé que sería muy fácil salir por ellas y volver a casa. Pero mi figura incorpórea sólo llegaba hasta el límite de la reja de entrada, no tenía la facultad de atravesarla y dar un paso más fuera de ella.
Me pasé el día completo pensando e intentando comunicarme con ellos sin resultado; buscando algún medio de escapar de esta prisión que me retiene lejos de mi familia. Cuando el día ya se iba y el sol comenzaba a bajar sobre el horizonte, la mujer se sentó en el sillón de la sala a leer.
De improviso se levantó con la urgencia de quien olvida algo muy importante, recogió las llaves de la casa y exclamó en voz alta para que su marido la escuchara:
- ¡Cariño!..., voy a comprar al almacén antes que cierren.
Comprendí que esta sería mi oportunidad de salir de aquí. Me coloqué lo más cerca de ella. La mujer abrió la reja que daba a la calle y sin retraso logré escapar antes que mi prisión volviera a cerrarse. Al fin, después de tanto tiempo, podía nuevamente moverme con libertad por las calles; era libre de caminar por donde quisiera y de poder volver a mi casa.
El sol ya no estaba a la vista, la oscuridad de la noche se hacía cada vez más presente; pero no tenía miedo, sólo deseaba llegar pronto a casa, aunque no sabía cómo recuperaría mi cuerpo. Mientras caminaba por esas calles vacías miré hacia el horizonte y al ver lo que aún faltaba por recorrer, hice una pausa un momento queriendo estar más lejos, mis pensamientos me llevaron al punto en que mi vista se había fijado.
Por primera vez desde que estaba en esta condición incorpórea, experimentaba semejante cosa. Siempre anhelé estar de regreso en mi casa en un abrir y cerrar de ojos, pero algo en ese lugar me lo impedía. Nuevamente ponía mi mente y mis deseos en otro punto en el horizonte y me transportaba al lugar pensado.
Entonces pensé que si podía desplazarme con esa facilidad entre puntos relativamente cercanos, quizás sólo debía concentrarme más para alcanzar un salto mayor. Cerré mis ojos pensando fuertemente en mi casa, intentando visualizar la entrada, las calles que me llevaban a la puerta donde vivía. Al abrir mis ojos, estaba flotando a gran velocidad por sobre árboles, cerros y caminos; hasta que lentamente ese vertiginoso recorrido, me llevó a la calle frente a mi casa.
Lo extraño no era el viaje, lo inexplicable era que por mucho tiempo quise transportarme con esa facilidad hasta este lugar pero algo me lo impedía. Ahora que estaba aquí tenía miedo de enfrentar a estos espíritus, sin duda ellos manejaban poderes que yo no conocía, sabían como usurpar el cuerpo de alguien y mantener su alma encerrada a la distancia.
Sin duda que presentarme e intentar luchar con fuerzas desconocidas, sería más peligroso que mi cautividad. Por unos minutos permanecí inmóvil, sólo intentaba ordenar mis pensamientos e intentar resolver el enigma que me envolvía.
Ellos tenían la capacidad de aparecer y de ser vistos. ¿Tendría yo esa capacidad también? En esta esfera no podía mover cosas, pero quizás sólo se trataba de mi falta de experiencia, tal vez era capaz de mucho más y no lo había intentado. Me retiré de ahí para probar otras habilidades, quizás si manejaba más mi estado fantasmal, sería capaz de recuperar mi vida.
Sólo fue cosa de tiempo hasta que pudiera hacer cosas sobrenaturales como aparecer en distintos lugares, transportarme cada vez más rápido de un lugar a otro, incluso llegué a mover objetos, encender fuego y producir fuertes ráfagas de viento alrededor. Tantas cosas impensadas y otras muchas por descubrir, pero lo que más me importaba era saber cómo sacar ese espíritu de mi cuerpo y poder recuperarlo sin tener que enfrentar a los extraños nuevamente.
Recordé entonces nuestro enfrentamiento, esa noche de verano en que se presentaron con ímpetu en nuestra casa. Sólo la decisión de mis palabras, esa ira interior los obligó a retirarse y no aparecer por varios días. Quizás el secreto estaba ahí, en la fuerza que pusiera en mis palabras y en la ira con que los confrontara.
Pero con qué poderes provocó que estuviera encerrado en esa casa, fuera de ella podía flotar, podía mover objetos, pero dentro, era como el viento encerrado en una botella. Me trasporté entonces hasta aquella casa, aquel lugar que por largas semanas fue mi prisión. A esta altura ya manejaba la manera de atravesar objetos, entrar a cualquier lugar que quisiera. Me acerqué a la reja de entrada, pero al intentar atravesarla, mi presencia fue detenida por un extraña fuerza.
Era evidente que algo en esa casa me había mantenido cautivo. Recorrí los extremos de la casa hasta encontrar cuatro fragmentos de piedra, uno en cada esquina de la casa. Parecían ser cuatro fragmentos complementarios entre si; con gran dificultad logré reunirlos todos. Era impresionante la fuerza que manaba de ellos, sin embargo una vez que pude sacarlos de cada esquina de la casa, también mi acceso al interior fue permitido.
Ya nada me sorprendía, la verdad había experimentado tantas cosas increíbles, que una más no me parecía en nada especial. Intente ensamblar cada parte de los fragmentos de piedra negra, hasta alcanzar con éxito que fueran una sola pieza. En ese momento, las partes se unieron sólidamente y el color la piedra cambió a un violeta cristalino. Se sentía como un campo poderoso alrededor de ella, una energía que irradiaba una pequeña luz blanca.
Me sentía notoriamente más fuerte y con tanto valor como para enfrentarlos. Cerré mis ojos enfocándome en mi casa hasta que sentí como mi cuerpo se traslado rápidamente a ella. Atravesé la puerta y entré en la sala que por varios meses no había visto. A esta hora del día aún no había llegado nadie, recorrí cada habitación, cada rincón de mi casa; me sentía nuevamente con fuerzas para luchar contra ellos y recuperar lo que me habían quitado.
Ya oscurecía cuando toda mi familia llegó a la casa, mis padres, mi hermana y ese ladrón haciendo uso de mi cuerpo. En cuanto ingresó a la casa, sintió mi presencia, se sintió inseguro y confundido, buscaba por los rincones sin encontrar nada. Seguramente el estar en mi cuerpo le restaba fuerza a sus habilidades; pero no esperaría mucho para hacerme notar frente a todos.
Cuando todos estaban adentro reunidos en la mesa para la cena, con un gran viento hice que las ventanas se abrieran. Todos se sobresaltaron y mi padre exclamó:
- ¡Por Dios!... ¡Qué no sea esa gente extraña nuevamente!
Aún no terminaba de decir esas frases cuando una nueva ráfaga hacía que la puerta entrada se abriera. Mi intención era sólo una, lograr que los extraños se hicieran presente nuevamente en la casa para enfrentarlos. Mientras mi hermana gritaba, el intruso no demostraba ningún temor. Esta vez conseguí mover unos muebles casi al punto de golpearlo, ese movimiento causó que se hicieran presente el resto de los extraños.
El padre, la madre y el otro hijo aparecieron en el umbral de la puerta, mi padre estaba pálido de la impresión; jamás pensó que pasaría por esta experiencia nuevamente. Hasta aquí yo permanecía invisible, pero ya había conseguido mi objetivo; aunque no sabía aún como los enfrentaría.
Empuñé con fuerza la piedra que rescaté en mi viaje, la luz que emanaba de ella lentamente comenzó a darle forma a mi cuerpo fantasmal. En cosa de segundos mi silueta blanca se mostraba a todos en la habitación. El hombre miraba desde lejos hasta que decidió decir:
- Veo que conseguiste escapar, ¿pero serás capaz de derrotarnos?
Cuando terminó de decir esa frase, extendí mi mano para mostrarle la luminosa piedra, yo sólo buscaba obtener una reacción de su parte y así fue. Su asombro además demostró su temor a aquella pequeña fuente de poder. Mi familia no entendía nada sólo gritaban espantados de lo que presenciaban, así que decidí decirles:
- No tengan miedo..., soy yo..., su hijo..., su verdadero hijo que he estado atrapado en aquella casa desde el verano y al que este usurpador le ha quitado el cuerpo...
Sencillamente todos estaban estupefactos, nadie decía nada, el silencio sólo se rompió cuando el hombre dijo a su hijo en mi cuerpo:
- Ven, deja ese cuerpo y ayúdame a pelear con él.
En ese instante el extraño usurpador se desprendió de mi cuerpo y lentamente se desplazó por la habitación. Instintivamente y recordando lo que sentí cuando él me arrancó de mi cuerpo, supe que este era el momento más débil en el que podía enfrentarlo. En un abrir y cerrar de ojos, me desplacé desde el rincón en que estaba y me coloqué frente al pequeño ladrón, extendí mi mano con la piedra y le grité:
- ¡Entra en ella!
No puedo explicar el motivo que me impulsó a hacerlo, pero frente a mi la piedra resplandeció y comenzó a absorber su cuerpo. Cuando el último resplandor de su ser entró a la piedra, comprendí que esa era su prisión y a ella debía obligarlos a entrar nuevamente. Me giré para enfrentar al resto de los espíritus, sus caras totalmente desfiguradas buscaban infundir el miedo a través de su apariencia. Pero ya había descubierto su mayor temor y la forma de vencerlos.
El menor de los tres se movió rápidamente contra mi cuerpo que yacía en el suelo, su inesperado movimiento sorprendió incluso al líder de ellos, quien no alcanzó a impedir que se metiera en mi cuerpo. Esta era mi oportunidad, ellos se debilitaban al poseerlos y yo me fortalecía a cada instante.
Apunté el rayo de luz de la piedra hacia él, gritándole que abandonara lo que no le pertenecía, por unos segundos se resistió, pero finalmente su estela era presa del poder de la piedra. La mitad del trabajo estaba hecho y los gritos del extraño se tornaron cada vez más terroríficos.
Mi madre abrazaba a mi hermana y ambas estallaban en llantos desesperados; mi padre intentaba arrastrarse hacia ellas por el suelo. Hasta aquí la mujer extraña había sido una mera espectadora; sin embargo, esa pasividad se acabaría. Como un gato engrifado se lanzó sobre mí sin lograr alcanzarme, la luz que se desprendía de la piedra funcionaba como escudo protector. Al ver lo infructuosa de su acción decidió embestir contra mi familia.
Mi habilidad para transportarme era cada vez mayor y en espacios reducidos me manejaba mejor. Antes que lograra alcanzar a cualquiera de ellos, provoqué una ráfaga de viento que la empujó contra el hombre, ambos cayeron hacia fuera de la casa. Sin esperar un nuevo movimiento de ellos, me desplacé hasta quedar a la espalda de la mujer; con la piedra la golpeé en el hombro e inmediatamente su figura fue absorbida como a los dos seres anteriores.
Me sentía tan confiado que esta sería la solución para deshacerme de los cuatro que me desplace sobre la figura del hombre extraño. Pero ese exceso de confianza fue un gran error, antes que consiguiera hacerlo prisionero, él me sujetó fuertemente del cuello. En esta condición fantasmal jamás había sentido dolor o molestias hasta ahora; la energía que manaba de él era sofocante, el calor que su mano irradiaba era tan grande, que aún en esta condición lograba sentirla.
- No te será tan fácil derrotarme a mi -dijo confiado que este sería mi fin.
Lentamente el extraño me arrastraba hasta donde estaba mi cuerpo físico, me llevaba de vuelta al lugar de donde nunca debí salir. Mientras estaba en dirección a él, en medio de mi sofocamiento le dije a mi padre:
- Cuando te de la señal lo golpeas...
No sabía si realmente me había entendido, pero al instante que el extraño empujó mi ser espiritual y luminoso de vuelta a mi cuerpo, solté la piedra en dirección a donde estaba mi padre, gritando:
- ¡Ahora! ¡Arrójasela!
Afortunadamente él había comprendido y recogiendo la piedra, la lanzó contra el extraño con una fuerza impresionante. Tanta ira contenida se desplazaba en esos momentos por los aires de la habitación. La piedra golpeó la nuca del hombre quedando incrustada y radiando esa luz blanca tan particular. El ser extraño se tambaleaba de un lado a otro hasta que al fin me soltó y antes de caer al suelo se desvanecía dentro de la piedra tal como el resto de los espíritus.
La luz blanca se disipó y el objeto volvió a su color violeta, mientras mi cuerpo se desplomaba nuevamente en el suelo. Largos minutos permanecí inconsciente, hasta que logré despertar nuevamente en mi cama, rodeado por mi familia. Todos me abrazaban y lloraban de emoción; no pasaron ni cinco minutos hasta que nos reunimos en la mesa para cenar y relatarles con detalles, todo lo acontecido desde el día aquel en que los extraños se hicieron presente en la casa y me despojaron de mi cuerpo dejándome encerrado.
Si ellos no fueran mis padres y no hubieran visto con sus propios ojos todo lo sucedido, lo más probable es que no me hubieran creído, pero ellos son los únicos testigos que tengo de que este relato y esta aventura fue verdad. De la piedra violeta cristalina sólo puedo decir que está en un lugar seguro y ahí se quedará por mucho tiempo.
Secuela de la historia 16 "Los Extraños"
He perdido la noción del tiempo, cada día es como un infierno sin fin; mi alma deambula por los rincones de esta casa olvidada, sin encontrar una salida. No soy un fantasma, eso lo tengo claro; pero tampoco tengo un cuerpo materializado; sólo soy una sombra sin rumbo.
Pensé que estaría por siempre sin volver a ver la cara de alguien. Hasta que esta familia vino de visita a esta casa. Al principio no los reconocí, pero luego me di cuenta que se trataba de los dueños, los mismos que nos arrendaron la casa en vacaciones.
Pero por qué tardaron tanto en venir ¿Podrán ayudarme a escapar de esta maldición? El primer día la pasaron limpiando y ordenando, movieron muebles abrieron las ventanas y puertas para ventilarla. Por largos días había estado todo en absoluto silencio, ahora tanto alboroto me impacientaba.
No sabía como comportarme ante esta situación ¿Cómo les hacía notar mi presencia? Muchas veces me paré frente a ellos sin resultados, intentando hablarles sin que me pudieran escuchar. Incluso al ver las puertas abiertas pensé que sería muy fácil salir por ellas y volver a casa. Pero mi figura incorpórea sólo llegaba hasta el límite de la reja de entrada, no tenía la facultad de atravesarla y dar un paso más fuera de ella.
Me pasé el día completo pensando e intentando comunicarme con ellos sin resultado; buscando algún medio de escapar de esta prisión que me retiene lejos de mi familia. Cuando el día ya se iba y el sol comenzaba a bajar sobre el horizonte, la mujer se sentó en el sillón de la sala a leer.
De improviso se levantó con la urgencia de quien olvida algo muy importante, recogió las llaves de la casa y exclamó en voz alta para que su marido la escuchara:
- ¡Cariño!..., voy a comprar al almacén antes que cierren.
Comprendí que esta sería mi oportunidad de salir de aquí. Me coloqué lo más cerca de ella. La mujer abrió la reja que daba a la calle y sin retraso logré escapar antes que mi prisión volviera a cerrarse. Al fin, después de tanto tiempo, podía nuevamente moverme con libertad por las calles; era libre de caminar por donde quisiera y de poder volver a mi casa.
El sol ya no estaba a la vista, la oscuridad de la noche se hacía cada vez más presente; pero no tenía miedo, sólo deseaba llegar pronto a casa, aunque no sabía cómo recuperaría mi cuerpo. Mientras caminaba por esas calles vacías miré hacia el horizonte y al ver lo que aún faltaba por recorrer, hice una pausa un momento queriendo estar más lejos, mis pensamientos me llevaron al punto en que mi vista se había fijado.
Por primera vez desde que estaba en esta condición incorpórea, experimentaba semejante cosa. Siempre anhelé estar de regreso en mi casa en un abrir y cerrar de ojos, pero algo en ese lugar me lo impedía. Nuevamente ponía mi mente y mis deseos en otro punto en el horizonte y me transportaba al lugar pensado.
Entonces pensé que si podía desplazarme con esa facilidad entre puntos relativamente cercanos, quizás sólo debía concentrarme más para alcanzar un salto mayor. Cerré mis ojos pensando fuertemente en mi casa, intentando visualizar la entrada, las calles que me llevaban a la puerta donde vivía. Al abrir mis ojos, estaba flotando a gran velocidad por sobre árboles, cerros y caminos; hasta que lentamente ese vertiginoso recorrido, me llevó a la calle frente a mi casa.
Lo extraño no era el viaje, lo inexplicable era que por mucho tiempo quise transportarme con esa facilidad hasta este lugar pero algo me lo impedía. Ahora que estaba aquí tenía miedo de enfrentar a estos espíritus, sin duda ellos manejaban poderes que yo no conocía, sabían como usurpar el cuerpo de alguien y mantener su alma encerrada a la distancia.
Sin duda que presentarme e intentar luchar con fuerzas desconocidas, sería más peligroso que mi cautividad. Por unos minutos permanecí inmóvil, sólo intentaba ordenar mis pensamientos e intentar resolver el enigma que me envolvía.
Ellos tenían la capacidad de aparecer y de ser vistos. ¿Tendría yo esa capacidad también? En esta esfera no podía mover cosas, pero quizás sólo se trataba de mi falta de experiencia, tal vez era capaz de mucho más y no lo había intentado. Me retiré de ahí para probar otras habilidades, quizás si manejaba más mi estado fantasmal, sería capaz de recuperar mi vida.
Sólo fue cosa de tiempo hasta que pudiera hacer cosas sobrenaturales como aparecer en distintos lugares, transportarme cada vez más rápido de un lugar a otro, incluso llegué a mover objetos, encender fuego y producir fuertes ráfagas de viento alrededor. Tantas cosas impensadas y otras muchas por descubrir, pero lo que más me importaba era saber cómo sacar ese espíritu de mi cuerpo y poder recuperarlo sin tener que enfrentar a los extraños nuevamente.
Recordé entonces nuestro enfrentamiento, esa noche de verano en que se presentaron con ímpetu en nuestra casa. Sólo la decisión de mis palabras, esa ira interior los obligó a retirarse y no aparecer por varios días. Quizás el secreto estaba ahí, en la fuerza que pusiera en mis palabras y en la ira con que los confrontara.
Pero con qué poderes provocó que estuviera encerrado en esa casa, fuera de ella podía flotar, podía mover objetos, pero dentro, era como el viento encerrado en una botella. Me trasporté entonces hasta aquella casa, aquel lugar que por largas semanas fue mi prisión. A esta altura ya manejaba la manera de atravesar objetos, entrar a cualquier lugar que quisiera. Me acerqué a la reja de entrada, pero al intentar atravesarla, mi presencia fue detenida por un extraña fuerza.
Era evidente que algo en esa casa me había mantenido cautivo. Recorrí los extremos de la casa hasta encontrar cuatro fragmentos de piedra, uno en cada esquina de la casa. Parecían ser cuatro fragmentos complementarios entre si; con gran dificultad logré reunirlos todos. Era impresionante la fuerza que manaba de ellos, sin embargo una vez que pude sacarlos de cada esquina de la casa, también mi acceso al interior fue permitido.
Ya nada me sorprendía, la verdad había experimentado tantas cosas increíbles, que una más no me parecía en nada especial. Intente ensamblar cada parte de los fragmentos de piedra negra, hasta alcanzar con éxito que fueran una sola pieza. En ese momento, las partes se unieron sólidamente y el color la piedra cambió a un violeta cristalino. Se sentía como un campo poderoso alrededor de ella, una energía que irradiaba una pequeña luz blanca.
Me sentía notoriamente más fuerte y con tanto valor como para enfrentarlos. Cerré mis ojos enfocándome en mi casa hasta que sentí como mi cuerpo se traslado rápidamente a ella. Atravesé la puerta y entré en la sala que por varios meses no había visto. A esta hora del día aún no había llegado nadie, recorrí cada habitación, cada rincón de mi casa; me sentía nuevamente con fuerzas para luchar contra ellos y recuperar lo que me habían quitado.
Ya oscurecía cuando toda mi familia llegó a la casa, mis padres, mi hermana y ese ladrón haciendo uso de mi cuerpo. En cuanto ingresó a la casa, sintió mi presencia, se sintió inseguro y confundido, buscaba por los rincones sin encontrar nada. Seguramente el estar en mi cuerpo le restaba fuerza a sus habilidades; pero no esperaría mucho para hacerme notar frente a todos.
Cuando todos estaban adentro reunidos en la mesa para la cena, con un gran viento hice que las ventanas se abrieran. Todos se sobresaltaron y mi padre exclamó:
- ¡Por Dios!... ¡Qué no sea esa gente extraña nuevamente!
Aún no terminaba de decir esas frases cuando una nueva ráfaga hacía que la puerta entrada se abriera. Mi intención era sólo una, lograr que los extraños se hicieran presente nuevamente en la casa para enfrentarlos. Mientras mi hermana gritaba, el intruso no demostraba ningún temor. Esta vez conseguí mover unos muebles casi al punto de golpearlo, ese movimiento causó que se hicieran presente el resto de los extraños.
El padre, la madre y el otro hijo aparecieron en el umbral de la puerta, mi padre estaba pálido de la impresión; jamás pensó que pasaría por esta experiencia nuevamente. Hasta aquí yo permanecía invisible, pero ya había conseguido mi objetivo; aunque no sabía aún como los enfrentaría.
Empuñé con fuerza la piedra que rescaté en mi viaje, la luz que emanaba de ella lentamente comenzó a darle forma a mi cuerpo fantasmal. En cosa de segundos mi silueta blanca se mostraba a todos en la habitación. El hombre miraba desde lejos hasta que decidió decir:
- Veo que conseguiste escapar, ¿pero serás capaz de derrotarnos?
Cuando terminó de decir esa frase, extendí mi mano para mostrarle la luminosa piedra, yo sólo buscaba obtener una reacción de su parte y así fue. Su asombro además demostró su temor a aquella pequeña fuente de poder. Mi familia no entendía nada sólo gritaban espantados de lo que presenciaban, así que decidí decirles:
- No tengan miedo..., soy yo..., su hijo..., su verdadero hijo que he estado atrapado en aquella casa desde el verano y al que este usurpador le ha quitado el cuerpo...
Sencillamente todos estaban estupefactos, nadie decía nada, el silencio sólo se rompió cuando el hombre dijo a su hijo en mi cuerpo:
- Ven, deja ese cuerpo y ayúdame a pelear con él.
En ese instante el extraño usurpador se desprendió de mi cuerpo y lentamente se desplazó por la habitación. Instintivamente y recordando lo que sentí cuando él me arrancó de mi cuerpo, supe que este era el momento más débil en el que podía enfrentarlo. En un abrir y cerrar de ojos, me desplacé desde el rincón en que estaba y me coloqué frente al pequeño ladrón, extendí mi mano con la piedra y le grité:
- ¡Entra en ella!
No puedo explicar el motivo que me impulsó a hacerlo, pero frente a mi la piedra resplandeció y comenzó a absorber su cuerpo. Cuando el último resplandor de su ser entró a la piedra, comprendí que esa era su prisión y a ella debía obligarlos a entrar nuevamente. Me giré para enfrentar al resto de los espíritus, sus caras totalmente desfiguradas buscaban infundir el miedo a través de su apariencia. Pero ya había descubierto su mayor temor y la forma de vencerlos.
El menor de los tres se movió rápidamente contra mi cuerpo que yacía en el suelo, su inesperado movimiento sorprendió incluso al líder de ellos, quien no alcanzó a impedir que se metiera en mi cuerpo. Esta era mi oportunidad, ellos se debilitaban al poseerlos y yo me fortalecía a cada instante.
Apunté el rayo de luz de la piedra hacia él, gritándole que abandonara lo que no le pertenecía, por unos segundos se resistió, pero finalmente su estela era presa del poder de la piedra. La mitad del trabajo estaba hecho y los gritos del extraño se tornaron cada vez más terroríficos.
Mi madre abrazaba a mi hermana y ambas estallaban en llantos desesperados; mi padre intentaba arrastrarse hacia ellas por el suelo. Hasta aquí la mujer extraña había sido una mera espectadora; sin embargo, esa pasividad se acabaría. Como un gato engrifado se lanzó sobre mí sin lograr alcanzarme, la luz que se desprendía de la piedra funcionaba como escudo protector. Al ver lo infructuosa de su acción decidió embestir contra mi familia.
Mi habilidad para transportarme era cada vez mayor y en espacios reducidos me manejaba mejor. Antes que lograra alcanzar a cualquiera de ellos, provoqué una ráfaga de viento que la empujó contra el hombre, ambos cayeron hacia fuera de la casa. Sin esperar un nuevo movimiento de ellos, me desplacé hasta quedar a la espalda de la mujer; con la piedra la golpeé en el hombro e inmediatamente su figura fue absorbida como a los dos seres anteriores.
Me sentía tan confiado que esta sería la solución para deshacerme de los cuatro que me desplace sobre la figura del hombre extraño. Pero ese exceso de confianza fue un gran error, antes que consiguiera hacerlo prisionero, él me sujetó fuertemente del cuello. En esta condición fantasmal jamás había sentido dolor o molestias hasta ahora; la energía que manaba de él era sofocante, el calor que su mano irradiaba era tan grande, que aún en esta condición lograba sentirla.
- No te será tan fácil derrotarme a mi -dijo confiado que este sería mi fin.
Lentamente el extraño me arrastraba hasta donde estaba mi cuerpo físico, me llevaba de vuelta al lugar de donde nunca debí salir. Mientras estaba en dirección a él, en medio de mi sofocamiento le dije a mi padre:
- Cuando te de la señal lo golpeas...
No sabía si realmente me había entendido, pero al instante que el extraño empujó mi ser espiritual y luminoso de vuelta a mi cuerpo, solté la piedra en dirección a donde estaba mi padre, gritando:
- ¡Ahora! ¡Arrójasela!
Afortunadamente él había comprendido y recogiendo la piedra, la lanzó contra el extraño con una fuerza impresionante. Tanta ira contenida se desplazaba en esos momentos por los aires de la habitación. La piedra golpeó la nuca del hombre quedando incrustada y radiando esa luz blanca tan particular. El ser extraño se tambaleaba de un lado a otro hasta que al fin me soltó y antes de caer al suelo se desvanecía dentro de la piedra tal como el resto de los espíritus.
La luz blanca se disipó y el objeto volvió a su color violeta, mientras mi cuerpo se desplomaba nuevamente en el suelo. Largos minutos permanecí inconsciente, hasta que logré despertar nuevamente en mi cama, rodeado por mi familia. Todos me abrazaban y lloraban de emoción; no pasaron ni cinco minutos hasta que nos reunimos en la mesa para cenar y relatarles con detalles, todo lo acontecido desde el día aquel en que los extraños se hicieron presente en la casa y me despojaron de mi cuerpo dejándome encerrado.
Si ellos no fueran mis padres y no hubieran visto con sus propios ojos todo lo sucedido, lo más probable es que no me hubieran creído, pero ellos son los únicos testigos que tengo de que este relato y esta aventura fue verdad. De la piedra violeta cristalina sólo puedo decir que está en un lugar seguro y ahí se quedará por mucho tiempo.
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..°¤¤°.¸¸.¤´¯`» Freddy D. Astorga «´¯`¤.¸¸.°¤¤°
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